Rufino abandonó a su hija Luna en la cárcel. Creció entre reos, aprendió de un maestro oculto y domó a los peores criminales. Salió y la casaron con Silvio, el CEO mudo de los Lu, envenenado y sin remedio. Los Lu buscan a un sanador inmortal. Y ese sanador, sin que ellos lo sepan, es ella.